jueves, 15 de noviembre de 2012

VANGUARDIA

VANGUARDIA
El término vanguardismo, término del léxico militar que designa a la parte más adelantada del ejército, la que confrontaría la «primera línea» de avanzada (en exploración y combate) se utilizó posteriormente para denominar, en el terreno artístico, las llamadas vanguardias históricas, una serie de movimientos artísticos de principios del siglo XX que buscaban innovación en la producción artística.

Introducción y enfoques principales


El vanguardismo se manifiesta a través de varios movimientos que, desde planteamientos divergentes, abordan la renovación del arte o la pregunta por su función social, desplegando recursos que quiebren o distorsionen los sistemas más aceptados de representación o expresión artística, en teatro, pintura, literatura, cine, arquitectura o música, entre otros.
Algunos autores, como Peter Bürger (teoría de la vanguardia) distinguen las "auténticas" vanguardias de aquellos movimientos que orientaron su confrontación hacia la institución arte y la dimensión política del accionar artístico en la sociedad, y concentraron sus innovaciones en la búsqueda de nuevas funciones y relaciones de poder.
Estos movimientos artísticos renovadores, en general dogmáticos, se produjeron en Europa en las primeras décadas del siglo XX, desde donde se extendieron al resto de los continentes, principalmente hacia América, en donde se enfrentaron al modernismo.
La característica primordial del vanguardismo es la libertad de expresión, que se manifiesta alterando la estructura de las obras, abordando temas tabú y desordenando los parámetros creativos: en poesía se rompe con la métrica y cobran protagonismo aspectos antes irrelevantes, como la tipografía; en arquitectura se desecha la simetría, para dar paso a la asimetría; en pintura se rompe con las líneas, las formas, los colores neutros y la perspectiva


viernes, 9 de noviembre de 2012

IMAGENES DEL SIMBOLISMO

EL SIMBOLISMO

http://www.youtube.com/watch?v=0WksA0RgFmo

CARACTERISTICAS, PINTURA, ARQUITECTURA DEL SIMBOLISMO

Las principales características del simbolismo son:

v Dotar de expresión visual a las experiencias emocionales.

v Formas planas y grandes áreas de color.

v Mensajes con un alto contenido de idealismo espiritual y religioso.

v Interés por lo subjetivo, lo irracional

v Pinceladas cursivas que intentan expresar la angustia y el desconsuelo interior.

v Los signos pueden ser comprendidos por los seres humanos y, algunos (como los signos gestuales), incluso por ciertos animales; los símbolos son específicamente humanos.

v Los signos señalan; son específicos de un cometido o una circunstancia.

v Los símbolos tienen un significado más amplio.


v Los poetas buscan evocar impresiones, más que expresar ideas.


v Sus imágenes, desprovistas de lógica originaron una poesía rebuscada y oscura.


v Se proclamó una extrema libertad en la prosificación.


v Representa una completa renovación poética.


v La inclinación hacia lo artificial y rebuscado, le valió el nombre de decadentismo.


v Persiguió, ante todo, la música de las palabras.

v Al contrario de la precisión de las descripciones, presenta el efecto de la evocación basada en la imagen: “no nombrar, sino sugerir”, dice Mallarmé.


v El símbolo produce evocaciones o despierta la intuición del lector.


v El símbolo se apoya en las correspondencias secretas de la naturaleza.


LA PINTURA

Los simbolistas consideran que la obra de arte equivale a una emoción provocada por la experiencia. Tratan de exteriorizar una idea, de analizar el yo. Les interesa la capacidad de sugerir, de establecer correspondencias entre los objetos y las sensaciones, el misterio, el ocultismo. Sienten la necesidad de expresar una realidad distinta a lo tangible y tienden hacia la espiritualidad. El símbolo se convierte en su instrumento de comunicación decantándose por figuras que trascienden lo material y son signos de mundos ideales y raros. Hay una inclinación hacia lo sobrenatural, lo que no se ve, hacia el mundo de las sombras.

La revelación de Freud acerca de la vida de los sueños y la existencia de una parte irracional en lo humano es aplicada al programa simbolista reivindicando la búsqueda interior.

Cultivarán el subjetivismo, el antirracionalismo y aflorará el interés por el cristianismo y las tradiciones diversas. Estudian la ambigüedad, la belleza hermafrodita, lo andrógino, la mujer fatal que destroza cuando ama, lo femenino devorador. La mujer brota del mundo del inconsciente y para huir de la realidad adopta forma de esfinge, de sirena, de araña o de genio alado. Los seres que aparecen en ese mundo de sueño serán incorpóreos.

Prestan especial atención a la forma, pero la ponen al servicio de unos ideales que van más allá de la pura apariencia. Plasman sus sueños y fantasías por medio de la alusión al símbolo y a una rica ornamentación. A veces utilizan colores fuertes para resaltar el sentido onírico de lo sobrenatural. Puede decirse que es una pintura de ideas, sintética, subjetiva y decorativa. Los precursores de esta nueva pintura son Gustave Moreau, Puvis de Chavannes y Odilon Redon.

ESCULTURA


El simbolismo en las esculturas conserva una notable elegancia, a excepción de cuando es representado un escenario infernal. En este caso los artistas se valieron de la creativa fealdad para convencer a los fieles del horror del pecado. Con el simbolismo, lo divino tiene un papel preponderante, pues Cristo se presenta como el Todopoderoso, sentado e impartiendo justicia, igualmente, La Virgen María y los santos que se encuentran alrededor de ellos.

También posee una estética académica, y se presta más a las realizaciones escultóricas de vanguardia. Junto con Rodin se destacan Aristide Maillol (1861-1944), que es el gran maestro de la escultura simbolista. La noche, Isla de Francia, Flores en la pradera, Venus, Flora, El río. También destacan Adolf von Hildebrand, Estatua ecuestre del príncipe regente, Medardo Rosso, Niño enfermo, Cabeza de niño, Emile-Antoine Bourdelle, Hércules arquero.

El simbolismo posee una estética académica, y se presta más a las realizaciones escultóricas de vanguardia. Junto con Rodin destacan Aristide Maillol (1861-1944), que es el gran maestro de la escultura simbolista. La noche, Isla de Francia, Flores en la pradera, Venus, Flora, El río. También destacan Adolf von Hildebrand, Estatua ecuestre del príncipe regente, Medardo Rosso, Niño enfermo, Cabeza de niño, Emile-Antoine Bourdelle, Hércules arquero.


ARQUITECTURA:

Que la Arquitectura es una disciplina de juegos formales sólo imaginativos y que no posee mayor contenido, es una aseveración que podría ser valida para la ¨seudoarquitectura¨ (intentos poco elaborados, a veces mala copia de otros proyectos y producida mayormente por personas profanas al oficio arquitectónico). Pero, si se refieren a la Arquitectura que se realiza a conciencia y con esmero, estoy en completo desacuerdo. Pienso que la Arquitectura como concepto y práctica va más allá de un superfluo juego imaginativo. Es, por el contrario, interés de registrar lo que sucede en un espacio y tiempo determinados, expresión profunda y formal de los permanentes y complicados cambios de la sociedad. Para hacer Arquitectura es necesario pasar por un proceso creativo, ya sea que se trate de una mega obra o del diseño de una vivienda. Básicamente quiero hacer una breve descripción del proceso por el cual los arquitectos generalmente pasamos, de una manera consciente ó no, dependiendo del tamaño y/o importancia de la obra para producir una Arquitectura legítimamente original y de calidad. Que es trascendental por cuanto involucra y registra la realidad, un momento de la historia.

Como arquitecto puedo decir que a la hora de concebir un diseño, entran en juego dos esferas de pensamiento, la colectiva y la personal. Ambas relacionadas estrechamente. La esfera colectiva sería en parte, aquella a la que Carl Young denominaba ¨ El inconsciente colectivo ¨, que es una herencia simbólica común a la mayoría de habitantes de un mismo lugar, que es innata, ó al menos la adquirimos en los primeros años de vida, antes del desarrollo de la conciencia activa. Y digamos que, entre otras, se manifiesta a través de figuras geométricas básicas. Esta esfera, en su parte consiente, involucraría a los diversos valores de una sociedad, la conciencia del día a día, los requerimientos de cada cliente, que son muestra también de las aspiraciones de una sociedad. La segunda esfera, la personal, contiene las experiencias, la capacidad de aprendizaje y síntesis del arquitecto así como su personalidad. Entra en acción asociando categorías de la primera con su capacidad creativa, de interpretación, generando un producto que expresa una idea escogida. Al interactuar estas dos esferas se produce entonces una grabación de valores (que pueden ser sociales, económicos, tecnológicos, políticos, religiosos ó culturales, así como aspiraciones colectivas y/o personales) en el proyecto arquitectónico, mediante códigos que el arquitecto considera aceptables en el espacio y tiempo en el que se circunscribe el proyecto. Esto es Arquitectura, un aporte intelectual, propuesta de disposiciones, formas, volúmenes, tecnologías, métodos constructivos, iluminación y materiales más adecuados.


Simbolismo literario hispanoamericano y español

Empezó en Hispanoamérica. Se encuentra Simbolismo ya en los cubanos Julián del Casal y José Martí, en el colombiano José Asunción Silva, en el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera y en otros autores posrománticos hispanoamericanos; Rubén Darío, gran introductor Los precursores literarios de esta corriente fueron el poeta norteamericano Edgar Allan Poe, que tanto influyó sobre Charles Baudelaire, y los franceses Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, llamados también "poetas malditos". El más representativo fue Stéphane Mallarmé (1842-1898), quien creó un lenguaje hermético, cercano al antiguo culteranismo español (Verlaine leyó y admiraba a Luis de Góngora) y cercano a la sintaxis del inglés. Menor importancia tuvieron Auguste Villiers de l'Isle-Adam (1838-1889), Prosper Mérimée (1803-1870), más conocido como narrador; Gérard de Nerval, (1808-1855), poeta de trágico fin; Joris Karl Huysmans (1848-1907), más conocido como escritor del decadentismo; Albert Samain (1858-1900), Rémy de Gourmont (1858-1915), Alfred Jarry (1873-1907), creador de la Patafísica y más importante como autor teatral y como precursor de la literatura de Vanguardia; Gustave Kahn (1859-1936), Jules Laforgue (1860-1887), el primer introductor del verso libre; Maurice Maeterlinck (1862-1949), que creó el teatro simbolista; Stuart Merrill (1863-1915), Albert Mockel (1866-1945), Jean Moréas (1856-1910), Henri de Régnier (1864-1936), Adolphe Retté (1863-1930), Paul Valéry (1871-1945), que pasó del Simbolismo a una intelectualizada poesía pura; el belga Emile Verhaeren (1855-1916), también narrador, y Francis Vielé-Griffin (1863-1937), entre muchos otros. En otros países el Simbolismo tuvo también extensión: en Rusia, por ejemplo, fue divulgado por Alexandr Blok, Fiódor Sologub, Andrei Bely; en Suecia, el dramaturgo August Strindberg recurrió a algunos de sus postulados, y en el mundo hispanoamericano y español se difundió a través del Modernismo.

El simbolismo literario hispanoamericano y español, con algunos importantes antecedentes peninsulares como Gustavo Adolfo Bécquer y como Salvador Rueda, se subsumió en un movimiento más general conocido como Modernismo del Modernismo en España, lo asimiló y difundió; en España lo cultivaron Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, Francisco Villaespesa y Ramón Pérez de Ayala entre los más importantes. En Hispanoamérica se encuentra en el argentino Leopoldo Lugones, en Julio Herrera y Reissig, en Ricardo Jaimes Freyre, Amado Nervo, Salvador Díaz Mirón, Guillermo Valencia, José María Eguren y en muchos otros autores modernistas.


Simbolismo literario histórico

El origen del término se remonta al manifiesto publicado por J. Moréas en el suplemento literario de Le Figaro (18 de septiembre de 1886). El Simbolismo hunde sus raíces en la obra poética de Ch. Baudelaire, cuyas Flores del mal (1857) contenían ya en germen sus postulados esenciales: oposición declarada al realismo, al positivismo y al espíritu científico y concepción del mundo como un misterio que el poeta ha de desvelar alterando su inteligibilidad, suspendiendo el juicio lógico y penetrando en los dominios del ensueño y del subconsciente. La obra de Baudelaire, además, lograba la síntesis de las dos tendencias fundamentales del movimiento: una dimensión parnasiana, a través de la búsqueda

de una belleza ideal, y otra decadente, manifestada en la atracción por lo artificial y lo perverso. En 1884 la novela de Huysmans A contrapelo y el ensayo de P. Verlaine Los poetas malditos dieron una celebridad tardía a S. Mallarmé, quien, a partir de 1886, celebró en su casa unas tertulias a las que acudían jóvenes como H. de Régnier y F. Viélé-Griffin. A estos nombres hay que añadir otros en los que Simbolismo y decadentismo van muy unidos: A. Rimbaud, Ch. Cros, T. Corbière y J. Laforgue. La fase de mayor actividad del movimiento se sitúa entre 1885 y 1897, cuando a las obras de sus miembros franceses vinieron a sumarse el teatro simbolista del belga M. Maeterlinck y los poemas de su compatriota E. Verhaeren. Tras la muerte de Verlaine (1896) y de Mallarmé (1898), el grupo perdió cohesión y tendió a dispersarse. Sin embargo, su herencia fue recogida por importantes escritores, como P. Claudel, P. Valéry y G. Apollinaire, y, a través de ellos, ejerció su influencia en los primeros movimientos de vanguardia. El Simbolismo también se incorporó a las diversas literaturas europeas (O. Wilde en Gran Bretaña, S. George en Alemania, K. Hamsun en Noruega, G. Brandes en Dinamarca) y renovó, de forma muy especial, el estancado panorama literario español, gracias a la influencia que ejerció en la obra del nicaragüense R. Darío.

Con este nuevo movimiento los escritores se animaron a expresar sus ideas, pensamientos y sentimientos a través de símbolos, utilizando el lenguaje como un instrumento cognoscitivo. Para los precursores del simbolismo en el ámbito literario, la imaginación era la manera más auténtica de interpretar la realidad. Ellos dejaron atrás la perfección y las normas de versificación que utilizaban los parnasianos. Intentaba encontrar lo que Charles Baudelaire, gran poeta de este movimiento, denominó "correspondencias", las secretas afinidades entre el mundo sensible y el mundo espiritual. Para ello utilizaban determinados mecanismos estéticos, como la sinestesia. Entre los principales representantes de la poesía simbolista figuran el escritor estadounidense Edgar Allan Poe, el poeta francés Charles Baudelaire y los franceses Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, también conocidos como los "poetas malditos". El más representativo fue Stéphane Mallarmé (1842-1898), quien creó un lenguaje hermético, cercano al antiguo culteranismo español, que enrarece y refina la expresión separándola del equilibrio y claridad que pueden llegar a tener y cercano a la sintaxis del inglés.


Estilo simbolista

Paralelamente a la preocupación del impresionismo por la pintura al aire libre contra el academicismo oficial y a los intentos de construcción científica de la pintura por el llamado puntillismo, se desarrolla una nueva concepción sobre la función y objeto de la pintura. Los simbolistas – cuyos precedentes se encuentran en William Blake, los nazarenos y los prerrafaelitas propugnan una pintura de contenido poético.El movimiento simbolista reacciona contra los valores del materialismo y del pragmatismo de la sociedad industrial, reivindicando la búsqueda interior y la verdad universal y para ello se sirven de los sueños que gracias a Freud ya no se conciben únicamente como imágenes irreales, sino como un medio de expresión de la realidad.El Simbolismo no pudo desarrollarse mediante un estilo unitario; por eso, se hace muy difícil definirlo de forma general. Es más bien un conglomerado de encuentros pictóricos individuales.El Simbolismo es una tendencia que supera nacionalidades, límites cronológicos y estilos personales. En este cajón de sastre podemos encontrar figuras tan dispares como Vincent Van Gogh, Paul Gauguin, Gustav Klimt, Edvard Munch, etc. Para complicar más la cuestión, el Simbolismo derivará en una aplicación bella y cotidiana de honda raigambre en el arte europeo de fines del siglo XIX y principios del XX: el Art Nouveau. El Simbolismo pretende restaurar significado al arte, que había quedado desprovisto de éste con la revolución impresionista. Mientras que otros neoimpresionistas se inclinan por ramas científicas o políticas, el Simbolismo se decanta hacia una espiritualidad frecuentemente cercana a posiciones religiosas y místicas. La fantasía, la intimidad, la subjetividad exaltada sustituyen la pretenciosa objetividad de impresionistas y neo-impresionistas. Continúan con la intención romántica de expresar a través del color, y no quedarse solamente en la interpretación. Ahí encontramos el nexo de unión con el resto de neo-impresionistas, puesto que las teorías del color local y los efectos derivados de las yuxtaposiciones de primarios, complementarios, etc., les resultarán muy útiles a la hora de componer sus imágenes, muy emotivas, como en la casi violenta visión de la pasión amorosa que Klimt ofrece en su Dánae. Los simbolistas encontraron un apoyo paralelo en los escritores: Charles Baudelaire, Jean Moréas, en contra del naturalismo descarnado de Zola. En cuanto a la escultura, Rodin fue el más cercano a sus planteamientos, y pese a todo, íntimamente ligado a los presupuestos del gran escultor impresionista Edgar Degas. Muy cercana a los planteamientos del Simbolismo, en cuyo seno se inscribe, se sitúa la Escuela de Pont-Aven, una de las primeras en definirse como tal. Pont-Aven es una pequeña localidad rural de la Bretaña francesa, a donde se dirigió en 1886 un grupo de pintores neo-impresionistas. El primero de todos fue Émile Bernard, que trataba de recuperar la integridad de lo rústico, de lo arcaico, en una región totalmente ajena a los avances de la vida moderna. Bernard cultivó un estilo muy personal de colores planos, perfectamente delimitados en contornos silueteados. Conocidas y por otro que no fuesen únicas, sino que se imprimían y repetían, dando a la obra de arte una nueva dimensión. La obra de arte deja de ser única. A pesar de ello no crearon escuela.

EL SIMBOLISMO


El Simbolismo

El Simbolismo fue uno de los movimientos artísticos más importantes de finales del siglo XIX. En Un manifeste littéraire ("Un manifiesto literario"), publicado en 1886, Jean Moréas definió este nuevo estilo: "Enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad, la descripción objetiva" (Ennemie de l'enseignement, la déclamation, la fausse sensibilité, la description objective). La poesía simbólica investiga para una forma sensitiva" (la poésie symbolique cherche à vêtir l'Idée d'une forme sensible). La literatura simbolista posee intenciones metafísicas, intenta utilizar el lenguaje literario como instrumento cognoscitivo, por lo cual se encuentra impregnada de misterio y misticismo. Intentaba encontrar lo que Charles Baudelaire, gran poeta de este movimiento, denominó "correspondencias", las secretas afinidades entre el mundo sensible y el mundo espiritual. Para ello utilizaban determinados mecanismos estéticos, como la sinestesia

El Simbolismo en la literatura internacional

Los precursores literarios de esta corriente fueron el poeta norteamericano Edgar Allan Poe, que tanto influyó sobre Charles Baudelaire, y los franceses Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, llamados también "poetas malditos". El más representativo fue Stéphane Mallarmé (1842-1898), quien creó un lenguaje hermético, cercano al antiguo culteranismo español (Verlaine leyó y admiraba a Luis de Góngora) y cercano a la sintaxis del inglés. Menor importancia tuvieron Auguste Villiers de l'Isle-Adam (1838-1889), Prosper Mérimée (1803-1870), más conocido como narrador; Gérard de Nerval, (1808-1855), poeta de trágico fin; Joris Karl Huysmans (1848-1907), más conocido como escritor del decadentismo; Albert Samain (1858-1900), Rémy de Gourmont (1858-1915), Alfred Jarry (1873-1907), creador de la Patafísica y más importante como autor teatral y como precursor de la literatura de Vanguardia; Gustave Kahn (1859-1936), Jules Laforgue (1860-1887), el primer introductor del verso libre; Maurice Maeterlinck (1862-1949), que creó el teatro simbolista; Stuart Merrill (1863-1915), Albert Mockel (1866-1945), Jean Moréas (1856-1910), Henri de Régnier (1864-1936), Adolphe Retté (1863-1930), Paul Valéry (1871-1945), que pasó del Simbolismo a una intelectualizada poesía pura; el belga Emile Verhaeren (1855-1916), también narrador, y Francis Vielé-Griffin (1863-1937), entre muchos otros. En otros países el Simbolismo tuvo también extensión: en Rusia, por ejemplo, fue divulgado por Alexandr Blok, Fiódor Sologub, Andrei Bely; en Suecia, el dramaturgo August Strindberg recurrió a algunos de sus postulados, y en el mundo hispanoamericano y español se difundió a través del Modernismo.

Simbolismo literario hispanoamericano y español

El simbolismo literario hispanoamericano y español, con algunos importantes antecedentes peninsulares como Gustavo Adolfo Bécquer y como Salvador Rueda, se subsumió en un movimiento más general conocido como Modernismo que empezó en Hispanoamérica. Se encuentra Simbolismo ya en los cubanos Julián del Casal y José Martí, en el colombiano José Asunción Silva, en el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera y en otros autores posrománticos hispanoamericanos; Rubén Darío, gran introductor del Modernismo en España, lo asimiló y difundió; en España lo cultivaron Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, Francisco Villaespesa y Ramón Pérez de Ayala entre los más importantes. En Hispanoamérica se encuentra en el argentino Leopoldo Lugones, en Julio Herrera y Reissig, en Ricardo Jaimes Freyre, Amado Nervo, Salvador Díaz Mirón, Guillermo Valencia, José María Eguren y en muchos otros autores modernistas.

Simbolismo literario histórico

El origen del término se remonta al manifiesto publicado por J. Moréas en el suplemento literario de Le Figaro (18 de septiembre de 1886). El Simbolismo hunde sus raíces en la obra poética de Ch. Baudelaire, cuyas Flores del mal (1857) contenían ya en germen sus postulados esenciales: oposición declarada al realismo, al positivismo y al espíritu científico y concepción del mundo como un misterio que el poeta ha de desvelar alterando su inteligibilidad, suspendiendo el juicio lógico y penetrando en los dominios del ensueño y del subconsciente. La obra de Baudelaire, además, lograba la síntesis de las dos tendencias fundamentales del movimiento: una dimensión parnasiana, a través de la búsqueda de una belleza ideal, y otra decadente, manifestada en la atracción por lo artificial y lo perverso. En 1884 la novela de Huysmans A contrapelo y el ensayo de P. Verlaine Los poetas malditos dieron una celebridad tardía a S. Mallarmé, quien, a partir de 1886, celebró en su casa unas tertulias a las que acudían jóvenes como H. de Régnier y F. Viélé-Griffin. A estos nombres hay que añadir otros en los que Simbolismo y decadentismo van muy unidos: A. Rimbaud, Ch. Cros, T. Corbière y J. Laforgue. La fase de mayor actividad del movimiento se sitúa entre 1885 y 1897, cuando a las obras de sus miembros franceses vinieron a sumarse el teatro simbolista del belga M. Maeterlinck y los poemas de su compatriota E. Verhaeren. Tras la muerte de Verlaine (1896) y de Mallarmé (1898), el grupo perdió cohesión y tendió a dispersarse. Sin embargo, su herencia fue recogida por importantes escritores, como P. Claudel, P. Valéry y G. Apollinaire, y, a través de ellos, ejerció su influencia en los primeros movimientos de vanguardia. El Simbolismo también se incorporó a las diversas literaturas europeas (O. Wilde en Gran Bretaña, S. George en Alemania, K. Hamsun en Noruega, G. Brandes en Dinamarca) y renovó, de forma muy especial, el estancado panorama literario español, gracias a la influencia que ejerció en la obra del nicaragüense R. Darío.

Estilo simbolista

Paralelamente a la preocupación del impresionismo por la pintura al aire libre contra el academicismo oficial y a los intentos de construcción científica de la pintura por el llamado puntillismo, se desarrolla una nueva concepción sobre la función y objeto de la pintura. Los simbolistas – cuyos precedentes se encuentran en William Blake, los nazarenos y los prerrafaelitas – propugnan una pintura de contenido poético. El movimiento simbolista reacciona contra los valores del materialismo y del pragmatismo de la sociedad industrial, reivindicando la búsqueda interior y la verdad universal y para ello se sirven de los sueños que gracias a Freud ya no se conciben únicamente como imágenes irreales, sino como un medio de expresión de la realidad. El Simbolismo no pudo desarrollarse mediante un estilo unitario; por eso, se hace muy difícil definirlo de forma general. Es más bien un conglomerado de encuentros pictóricos individuales. El Simbolismo es una tendencia que supera nacionalidades, límites cronológicos y estilos personales. En este cajón de sastre podemos encontrar figuras tan dispares como Vincent Van Gogh, Paul Gauguin, Gustav Klimt, Edvard Munch, etc. Para complicar más la cuestión, el Simbolismo derivará en una aplicación bella y cotidiana de honda raigambre en el arte europeo de fines del siglo XIX y principios del XX: el Art Nouveau. El Simbolismo pretende restaurar significado al arte, que había quedado desprovisto de éste con la revolución impresionista. Mientras que otros neoimpresionistas se inclinan por ramas científicas o políticas, el Simbolismo se decanta hacia una espiritualidad frecuentemente cercana a posiciones religiosas y místicas. La fantasía, la intimidad, la subjetividad exaltada sustituyen la pretenciosa objetividad de impresionistas y neo-impresionistas. Continúan con la intención romántica de expresar a través del color, y no quedarse solamente en la interpretación. Ahí encontramos el nexo de unión con el resto de neo-impresionistas, puesto que las teorías del color local y los efectos derivados de las yuxtaposiciones de primarios, complementarios, etc., les resultarán muy útiles a la hora de componer sus imágenes, muy emotivas, como en la casi violenta visión de la pasión amorosa que Klimt ofrece en su Dánae. Los simbolistas encontraron un apoyo paralelo en los escritores: Charles Baudelaire, Jean Moréas, en contra del naturalismo descarnado de Zola. En cuanto a la escultura, Rodin fue el más cercano a sus planteamientos, y pese a todo, íntimamente ligado a los presupuestos del gran escultor impresionista Edgar Degas. Muy cercana a los planteamientos del Simbolismo, en cuyo seno se inscribe, se sitúa la Escuela de Pont-Aven, una de las primeras en definirse como tal. Pont-Aven es una pequeña localidad rural de la Bretaña francesa, a donde se dirigió en 1886 un grupo de pintores neo-impresionistas. El primero de todos fue Émile Bernard, que trataba de recuperar la integridad de lo rústico, de lo arcaico, en una región totalmente ajena a los avances de la vida moderna. Bernard cultivó un estilo muy personal de colores planos, perfectamente delimitados en contornos silueteados. conocidas y por otro que no fuesen únicas, sino que se imprimían y repetían, dando a la obra de arte una nueva dimensión. La obra de arte deja de ser única. A pesar de ello no crearon escuela.

La escultura simbolista

El Simbolismo posee una estética académica, y se presta más a las realizaciones escultóricas de vanguardia. Junto con Rodin se destacan Aristide Maillol (1861-1944), que es el gran maestro de la escultura simbolista. La noche, Isla de Francia, Flores en la pradera, Venus, Flora, El río. También destacan Adolf von Hildebrand, Estatua ecuestre del príncipe regente, Medardo Rosso, Niño enfermo, Cabeza de niño, Emile-Antoine Bourdelle, Hércules arquero.

domingo, 28 de octubre de 2012

ARTE DEL NATURALISMO

Arte el Naturalismo: En la pintura clásica es la expresión exacta de la Naturaleza .Este movimiento convierte a la naturaleza en expresión de vida cotidiana en favor del ser humano, en todas sus actividades

EL NATURALISMO EN ESPAÑA


En España participaron de este movimiento hombres comprometidos con posturas cercanas al Krausismo o la izquierda como Galdós (La desheredada), Clarín y Vicente Blasco Ibáñez. Desde la óptica conservadora puede también hablarse de un Naturalismo cristiano no rigurosamente pesimista ni determinista en el que militaron autores como Emilia Pardo Bazán, Luis Coloma, José María de Pereda (que se acercó al naturalismo en su novela La Puchera), Juan Armada y Losada, José de Siles, Francisco Tusquets, Ángel Salcedo y Ruiz y Alfonso Pérez Gómez Nieva. Otro tercer grupo estaría integrado por los hombres de la revista Gente Nueva, luego ampliado en otra revista, Germinal, de ideología más extremista y que estaría integrado por los escritores del llamado Naturalismo radical: Eduardo López Bago, José Zahonero, Remigio Vega Armentero, Enrique Sánchez Seña, Joaquín de Arévalo, José María Matheu Aybar, Manuel Martínez Barrionuevo, Eugenio Antonio Flores, Silverio Lanza, Emilio Bobadilla, Alejandro Sawa, Joaquín Dicenta (quizá el poeta y dramaturgo del naturalismo más importante en castellano), José Ortega Munilla, Jacinto Octavio Picón, Ernesto Bark, Ricardo Macías Picavea y algunos otros más. En lengua catalana destaca Narcís Oller. Epígonos del naturalismo son en cierta medida Felipe Trigo y Augusto Martínez Olmedilla.
Empero, y con la excepción de algunos ensayos serios, como La desheredada, de Galdós, lo que se practica en España no es un auténtico naturalismo zolesco, sino una fórmula conciliadora que extrae algunos recursos formales de Zola sin seguir su doctrina ideológica (ateísmo, positivismo, determinismo). Este sincretismo es el que practican Pardo Bazán o el marqués de Figueroa.